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Educación Temprana: La Nueva Respuesta para la Industria

  • Writer: Emma Unzueta
    Emma Unzueta
  • Aug 22, 2024
  • 3 min read


En una ocasión nos llevaron a una "expo bachillerato", donde diferentes instituciones— públicas y privadas —ofrecían matricular a cientos de aspirantes de todas las secundarias de Nuevo León que el recinto pudiera albergar. Aunque la mayoría de nosotros ya sabíamos a dónde íbamos a ir, igual nos dimos una vuelta por todos los stands para ver qué goodies nos podíamos embolsar (por supuesto).


No estoy orgullosa de haberlo hecho, pero nos recuerdo riéndonos ante la posibilidad de llevar uniforme también en la preparatoria— porque en mis épocas eso no era común, excepto para las instituciones técnicas y algunas otras escuelas privadas —o graduándonos un año más tarde que todos los demás (en Nuevo León es común cursar bachillerato de sólo dos años).


Sobra decir que, a pesar de haber conocido gente maravillosa y haber cosechado oportunidades importantes gracias a las decisiones académicas que hice en su momento, no pasó un solo año— a dos meses de cumplir 31 —en el que no piense en todo lo que pude haber hecho y aprendido si tan sólo me hubiera inscrito a un bachillerato técnico, en lugar de haberme dejado llevar por el concenso (prejuicio) general. Y prometo que no exagero con tal de redactar algo spicy/emotivo; es verdad todo esto.


Hace unas horas, el Observer informó de la iniciativa que tomó National Grid (uno de los más grandes exponentes en la industria energética en Estados Unidos, con más de dos millones de clientes): invertir en la educación de las futuras generaciones en diferentes áreas la industria. Esto es algo que han venido haciendo desde hace varios años y ahora concentran esfuerzos con Dream It Do It (una asociación que procura la colaboración entre jóvenes y expertos en la industria a través de una amplia variedad de programas). Y viéndolo desde cierta perspectiva, no comprendo por qué esto no se está haciendo masivamente en todos lados posibles.


Hace unos días también aprendí en clase que una de las empresas metalúrgicas más importantes de Nuevo León desarrolló su propio semillero desde nivel preparatoria en un municipio fuera del área metropolitana; ellos se enfocan en prepararlos con la mejor educación disponible, les procuran becas en prestigiosas universades de la región y finalmente concretan un puesto para ellos en cuanto terminen sus estudios.


Más allá de que yo misma estudio y me dedico al mundo de la ciencia y la industria, con entera honestidad aseguro que pocas cosas hay tan satisfactorias como asir la complejidad— tan característica de las carreras STEM (science, technology, engineering, and mathematics) —y desmenuzarla en todos sus componentes para ver hasta el último detalle que le subyace. Y pensar en todo el potencial y la capacidad que se desperdician, que no tienen un desahogo, un escape, es abrumador; especialmente viendo las filas interminables en los exámenes de admisión de jóvenes que son aventados al ruedo a escoger la dirección que tomarán a sus escasos 14 o 15 años.


La industria tiene toneladas de desarrollo que ofrecer al sector juvenil — casi tanto como podrían aportar estos últimos a la industria, especialmente desde que concluyen su educación secundaria. Jamás he encontrado sentido en esperar a la universidad para explorar de primera mano lo que el mundo necesita de uno, ni el depender de exámenes de orientación vocacional cuando hay poco o nulo contacto de los jóvenes con la gigantezca mayoría del campo laboral y académico allá afuera.


Cabe esperar que México amplifique esta corriente de educación temprana que comienza a ser tendencia. Somo un país rico en recursos humanos con una geografía única que ofrece un sinfín de posibilidades a donde uno mire.

 
 
 

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